| Escrito por SodLogan el 18/09/2006 |
Love Hina
Cosa rara en mÃ, y debido a motivos que ni yo mismo recuerdo, me bajé obtuve absolutamente todo el material del anime de Love Hina. A saber: los 24 episodios más el vigésimoquinto episodio (”especial” al parecer, ya que no se emitió en TV), los dos especiales (de Navidad y de Primavera por ese orden) y las tres OVA, conocidas como Love Hina Again, en japonés estas últimas.

La verdad es que los obtuve de rebote. HabÃa oÃdo hablar sobre esta serie (el nombre) y cuando la vi disponible para su obtención, me entró la curiosidad e hice clic para leerme la sinopsis.
Y como, no lo neguemos, soy como una nena adolescente (antes me gustaba decir que era un caballero [a lo knight] romántico, tipo Don Alonso Quijano), me gustó el planteamiento y me la procuré. SerÃa algo asÃ:
Cuando tenÃa cinco años, Keitaro Urashima, el protagonista, le hizo una promesa a su mejor amiga: irÃan juntos a la Todai (la Universidad de Tokio), ya que decÃan que si dos personas que se querÃan iban juntas, se amarÃan para siempre. Pero esta niña tuvo que irse y Keitaro ni siquiera recuerda su nombre. Sin embargo, quince años después, sigue manteniendo su promesa y se esfuerza por entrar en la Todai para recuperar allà la amistad con ella. A partir de sus continuos fracasos en este objetivo, empieza la trama de la serie.
Una vez procuradas, y ya que habÃa acabado los malditos exámenes, me dispuse a verlas. Como ese dÃa no tenÃa nada que hacer, me tragué los 25 capÃtulos (25 x 20 minutos = 500 minutos / 60 = 8,3 horas). A lo que hay que sumarle los especiales (45 x 2 = hora y media) y las OVA (30 x 3 = hora y media), es decir, tres horas más que he invertido hoy para completar su visionado.

La verdad es que desde el primer capÃtulo me gustó bastante, ya que las tÃas están bien buenas (asà sà que dan ganas de ir a Japón) y el pavo me recuerda sobremanera a mà mismo.
Su torpeza propicia muchas escenas picantes, de forma que las chicas de la residencia le toman por un pervertido. Por ello recibe golpes de las chicas (especialmente de Naru) todos los dÃas. A veces cree estar enamorado de Naru pero no está seguro, además es muy tÃmido y no le declara su amor por respeto a la niña a la cual le habÃa hecho la promesa.
Aportación personal: aquà todos son muy puritanos y nadie se ha comido una rosca, lo que produce, en el caso del pavo, que vaya siempre más caliente cun sordao nibisa.
La serie se basa principalmente en el mamoneo y en los tejemanejes de Keitaro y Naru, ya que él cree desde que la conoce que ésta es la chica de la promesa y cuando se da cuenta de que no lo es es demasiado tarde y ya se ha encoñado. Ella, a pesar de la somanta de palos que le da en cada capÃtulo, también va desarrollando un cariño por él que finalmente se convierte en amor, aunque no lo quiere reconocer.
A lo largo de la serie se producen numerosas escenas tÃpicas de tensión en las que parece que por fin se van a dar un maldito besito, pero siempre pasa algo que se lo impide. Después, por vergüenza, los dos pardillos hacen como si no hubiera pasado nada y, claro, vuelta a empezar.
A pesar de que la serie, como se viene viendo, darÃa para alguna que otra escena más subidita de tono, se mantiene con contornos, transparencias (más bien translucideces) y, eso sÃ, bastante violencia light, toda generada hacia Keitaro debido a roces “accidentales” con culos, tetas o situaciones embarazosas.

Como se puede deducir, al ser un argumento tan “simple”, hay gran cantidad de capÃtulos de “relleno” que en ocasiones se hacen lentos o incluso cansinos. Sin embargo, y aunque sean dibujos (o será por esto de no follar), en todo momento compensa aunque sea para regalarse la vista. Además, y como siempre se dice, “mal de muchos, consuelo de tontos”; supongo que me entenderán. Lo más inquietante es que, conforme avanzan los capÃtulos, serán más las chicas que vayan queriendo a Keitaro. A ver si cunde el ejemplo.
En definitiva, una buena serie para nenas adolescentes o para romantic knights de esos que aún creen en el amor y en que un loser supino puede llegar a camelarse a la tÃa más buenorra de la ciudad.
Por maravilloso que sea ese sueño, no es el nuestro; nunca lo será. No es cosa nuestra; eso lo sabÃamos desde el principio. Nosotros tenemos la promesa que nos hicimos, y algún dÃa descubriremos cuál es nuestro sueño. Ya lo verás: no hay nada que no podamos hacer.






